Con el auge de la electromovilidad, el enfoque en la manufactura cambia de forma significativa: componentes que en el motor de combustión podían “pasar desapercibidos” gracias al enmascaramiento de ruidos y vibraciones, en los motores eléctricos son evaluados de manera mucho más crítica. La razón es simple: el motor de combustión genera un amplio espectro de ruido que enmascara muchos sonidos secundarios. En el motor eléctrico, este “telón de fondo” acústico desaparece en gran medida, por lo que las desviaciones en forma, posición y superficie se vuelven mucho más perceptibles.
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